En este contexto de pobreza, desesperanza, inestabilidad y lógicamente peligroso para el desarrollo de cualquier niño, nació Paul Pogba. De padres guineanos y con un futuro desamparador por delante, la entrañable familia Pogba volcó sus días y noches en su hijo pequeño. Era todo o nada, aunque, en realidad, no había más donde elegir. La vida en la comuna (al este de París) invitaba al riesgo, llevaba a la desesperación. Lo que fuera por salir de ese infierno.
El fútbol es bello. El fútbol une. El fútbol no entiende ni de clases, ni de razas, ni de nacionalidades, ni de sexos, ni de religión ni de nada que no sea pasión. El fútbol –aunque externamente y al más alto nivel no aparente esto- se mueve por sentimientos. El fútbol es locura, es ilusión. El fútbol dio una oportunidad a un pequeño Paul Pogba que simplemente quería perseguir un balón y divertirse como un niño más. Sus padres miraban desde la valla con amor. Su hijo disfrutaba y, de paso, podía ser una salida de la situación de pobreza. Era mucho pensar por aquel entonces, sin embargo el destino había elegido a Paul.
Tras jugar en dos equipos desconocidos a nivel internacional e incluso nacional, Pogba recaló en la cantera de un histórico venido a menos: Le Havre. Era 2007 y el joven mediocentro tenía 14 años. Ya había lugar donde crecer, empezaban a aflorar las ilusiones de llegar a algo. Sin ponerse techo, tan solo algo, que siempre era mejor que nada. El futuro de familia Pogba se fue despejando. El Le Havre le pagó los estudios a Paul y le dio las herramientas para desarrollarse como jugador y como persona.
Él debía poner la magia, el talento, la inspiración y sobretodo el trabajo. Bien que lo hizo. Pogba empezó a destacar y se convirtió en uno de los líderes de las nuevas generaciones de futbolistas que aparecían por tierras galas –podría haber elegido jugar con Guinea-. Poco a poco se iba haciendo un nombre. El esfuerzo comenzaba a dar sus frutos. Firmó su primer contrato y empezó a despertar el interés de esos equipos con nombre que imponían y que él había escuchado con frecuencia. Eran entes abstractos, desconocidos para el francés, que no tenía recursos para verles por televisión. El sabía que estaban ahí, que eran muy conocidos y que todo el mundo hablaba de ellos. Ahí estaban y en cierto modo eran importantes.
Paul siguió creciendo, pasó por todas las categorías de la selección francesa y un tal Alex Ferguson llamó a su puerta. “¿Quién es ese hombre? ¿Dirige al Manchester United? ¿Qué querrá? Que me vaya a Manchester dice ¿Dónde está eso?” Las dudas de Paul fueron aclaradas. No hace falta explicar que corrió a hacer la maleta como alma que lleva el diablo. Le prometieron a su familia una casa, una vida con comodidades. Por fin, lo había conseguido. Debe haber pocas sensaciones de felicidad como la de salir de la pobreza. Y más si es haciendo lo que amas y recompensado a tus padres por todo el esfuerzo sobrehumano realizado. Sólo eso debe valer vivir una vida.
Hubo polémica por el traspaso, ya que Paul tenía un contrato firmado. El Le Havre llegó a denunciar al United y se momtó un revuelo considerable. Al final todo quedó en un acuerdo (desconocido para el público) y se firmó la paz. Pogba debutó con los sub-18, que enseguida se le quedó pequeño, subió al primer equipo reserva y destacó hasta tal punto que Ferguson le hizo debutar antes de lo que él mismo pensaba. Nuestro humilde amigo Paul ya estaba en la élite. Europa entera se lo empezó a rifar.
Sir. Ferguson. Tal vez uno de sus pocos errores en su gloriosa carrera; podemos decir que menospreció a Pogba, que no renovó su contrato y se fue gratis al equipo de moda en Italia, el que estaba revolucionando el Calcio: la Juventus de Turín. Conte lo quiso para afianzar su ambicioso proyecto tras el Scudetto de la temporada 2011/12. Pogba tenía 19 añitos y unas ganas infinitas de comerse el mundo.
Rápidamente definió su función en el equipo, perfectamente adaptada a sus características: interior. Y esto en el 3-5-2 de la Juve implica varias aptitudes, conocimientos y trabajos específicos. Pogba tenía todos. El francés destacaba por su llegada y disparo descomunal. Su potente físico le dota de una gran presencia en las jugadas, donde siempre se impone en los cuerpo a cuerpo y donde nunca, absolutamente nunca, se amilana. Su facilidad para romper líneas era sobrenatural. Su poderosa zancada destruía sistemas defensivos y su infernal disparo daba resultados numéricos, que suelen ser un buen acompañante de los resultados futbolísticos, que a veces se ven menos.
Además de trabajo (Pobga se puede desempeñar como el clásico box to box), no le falta clase. Doma el balón con la frialdad del más veterano y con la finura del mejor sastre. Cuenta con múltiples recursos. Su arma más peligrosa es justamente eso; maneja con sobriedad dos estilos antagónicos: puede ser un Toure Yayá y cambiar con aparente solvencia a un Silva. Precisamente esa variedad es la que le hace un jugador casi indefendible. Y esa es la principal razón de que no rinda de regista (puede llegar a hacerlo algún día), pues sus competencia se limitan a su registro más técnico, imposibilitando al Pogba devastador.
Hizo un temporadón. Ganó el Scudetto siendo el jugador número 12, fue internacional con la absoluta y partió hacia el Mundial Sub20 con órdenes claras de imponerse como la mejor promesa del fútbol mundial. Qué decir de aquellas semanas. Francia fue insultantemente superior en todos los partidos (ante España no, y no jugó Pogba) y se llevó el campeonato. Paul Pogba fue nombrado Balón de Oro del torneo, o lo que es lo mismo, mejor jugador sub20 del mundo. El francés cerró un círculo. Dejó de ser un niño. Empezó dándole patadas a un balón en una paupérrima comuna parisina y acabó su juventud siendo el mejor del Mundo. Una barbaridad. Una historia de amor al fútbol hecha realidad.
Empieza esta temporada ya asentado como un futbolista de élite. Ya es conocido por todos y no se pone techo. Crecerá hasta límites insospechados, y puede marcar una época en su posición. Tiempo al tiempo. De momento ha gozado de oportunidades de titular a causa de los problemas físicos de Marchisio. Incluso Conte cambia cosas y adelanta a Marchisio para meter a Pogba. El caso es que el francés juegue, aunque sea de carrilero, como ante el Milan.
“Yo no quiero ser Vieira, yo quiero ser Paul Pogba”
El destino fútbol le tenía preparado esto a Pobga y a su familia. Le ha regalado algo con lo que todos soñamos. Sin duda él se lo merecía y ha luchado por ello. Pogba seguirá regalándonos mágicas tardes de fútbol y sus padres seguirán viéndole sonrientes desde la valla. Con amor, como el primer día. El futbol es maravilloso.
Por Nicolás Rein, @NicoRein7 en twitter.





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